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Identificación vs totalidad

Actualizado: 18 de nov de 2018

En nuestra carta natal encontramos múltiples energías que nos son propias. Algunas de ellas las tomamos rápidamente ya que son funcionales a la creación de una primera estructura personal. Otras, en cambio, nos pueden parecer contradictorias entre si, podemos tener un mal concepto de ellas, o puede que no sean socialmente valoradas ... y es por ello que inconscientemente las desechamos y dejamos afuera. El hecho de no conectar y transitar estas energías puede crearnos fricciones, luchas internas, frustración, dolor, somas... Pero el reconecerlas, entenderlas y alquimizarlas puede llegar a ser nuestro gran don.

Para nuestra psique la vastedad de cualidades se nos torna inabarcable. Defendiéndonos de ella hacemos un recorte inconsciente de cualidades y seleccionando unas pocas nos identificamos con éstas, creyendo que eso es lo que somos. La identificación es un primer estadío en el que fijamos ciertas pautas de comportamiento. Las cualidades principales que creemos que son parte de nuestra totalidad suelen ser tomadas a partir de nuestra experiencia infantil, nuestra educación y los valores asociados a nuestro núcleo familiar. La posición de la luna en nuestra carta natal es uno de los indicadores que nos habla sobre esta primera etapa. A través de la observación de las informaciones que la luna nos ofrece podemos reconocer algunos de los factores indentificativos que tomamos y aquello que esperamos que el mundo nos provea, cómo nos vinculamos y qué nos hace sentir “seguros”. Es nuestra parte más primaria y es por ello que conocer estos patrones será la base que nos permitirá vivirlos de forma más consciente y menos nociva, permitiéndonos seguir con nuestro viaje de autoconocimiento hacia el resto de energías que conforman nuestra carta natal.


“Hasta que no hagas consciente lo que está en tu inconsciente, este último dirigirá tu vida y tú le llamarás destino”. Carl G. Jung

Las cualidades con las que no conectamos las sentimos ajenas y a través de ciertos mecanismos de defensa las dejamos en sombra, excluyéndolas de nuestra consciencia o proyectándolas en otras personas. Pero ellas se nos aparecerán en la vida en forma de situaciones, vínculos... saliendo a la palestra para mostrarnos que también forman parte de nosotros y que deben ser incorporadas. Es así como nuestro "destino" es irnos encontrando con aquellas cualidades que no sentimos propias pero que son parte de nuestro ser y poder ir reconociéndolas en nosotros mismos. La tarea no es sencilla, no tiene fin y nos pone muchas pruebas. Podemos enzarzarnos en una lucha eterna ya que justamente son las cualidades reprimidas las que suelen parecernos más fastidiosas: nos molestan y no queremos reconocernos en ellas.

Es por ello que parte de nuestro aprendizaje y camino de individuación es poder enfrentarnos con nuestra identificación más arcaica e infantil y así romper el cascarón que nos protegió en una primera instancia pero que en cierto momento quedó obsoleto. Hacer nuestro propio viaje interior es descubrir qué cualidades más allá de nuestra identificación forman parte de nuestra identidad, observar el aprendizaje que nos traen y convivir más armoniosamente con la multiplicidad de energías.